Jun
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EL BAUTISMO BÍBLICO

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El propósito de la elección del pueblo de Israel era mostrar la gloria de Dios en medio de las naciones paganas que rodeaban a la nación del pacto.   Ellos, igual que la iglesia de Cristo, tenían el deber de atraer a las personas inconversas del paganismo a la fe.   En tal sentido tenían que mostrar a las naciones la gloria y la santidad del Dios de Israel.   Y aquellas personas que fueran persuadidas por el Espíritu Santo a formar parte del pueblo de Dios, tenían que pasar por un proceso.

Según el pastor John MacArthur cuando una persona se convertía de los ídolos a Dios en el AT, pasaba por un proceso de tres pasos antes de ser formalmente admitido como parte del pueblo de Israel.  En primer lugar debía circuncidarse.   Todo varón que se convertía de los ídolos a Dios, debía llevar sobre sí la señal del pacto que Dios hizo con Abraham, y por tanto debía cortar su prepucio (Ex. 12:48-49).  En segundo lugar debía lavar su cuerpo en señal de pureza externa, simbolizando con esto que había entrado en una nueva relación en la que ya no usaría sus miembros para la iniquidad y el pecado.  En tercer lugar debía presentar el sacrificio de un cordero para el perdón de sus pecados.  Esto le purificaba en su ser interior, y tal pureza debía reflejarse en lo adelante en su conducta.   Esto sólo era aplicable a los gentiles, pues los israelitas, siguiendo las enseñanzas de los rabinos, asumían que ellos ya habían nacido dentro del pueblo del pacto, y por tanto entendían que no necesitaban someterse a este proceso.

Sin embargo, Dios, por medio del último de los profetas del AT, Juan el Bautista, les dice que ciertamente estaban equivocados y que cada hombre debía entrar en una relación personal y particular con Él.   Les dijo por medio de Su siervo que no bastaba con haber nacido dentro de una nación en particular.   Por esto, Juan vino predicando y llamando a los pecadores al arrepentimiento (Mt. 3:7-12).

Vemos entonces que el bautismo cristiano tiene sus raíces en el AT.  Sin embargo es el NT donde adquiere la relevancia que hoy tiene.

La importancia del bautismo.

Inauguración del Reino de Dios. Mt. 3:1-12.

El bautismo ha jugado un papel importante desde el mismo momento en que el reino universal de Cristo se implantó en la tierra.   Así vemos en Mt. 3, que el reino de Cristo se inaugura con la predicación de Juan el Bautista.  En su predicación él proclamaba que el reino de los cielos se había acercado.  Estaba al alcance de los hombres.  La pregunta que se desprende de esta declaración es:  ¿Qué debo hacer para formar parte del reino de Dios?  ¿Cuál es la puerta de entrada?  A lo que Juan el Bautista responde:  El Arrepentimiento, la confesión de pecados y el bautismo, (Mt. 3:2 y 5-6.   Nadie puede entrar al reino de Dios sin estas cosas.   Aquellos que fueron convencidos de pecado en el vers. 2, luego confiesan públicamente su pecado (testimonio), y entonces son bautizados.

Al final del ministerio terrenal del Señor, antes de Su ascensión a los cielos, cuando deja en manos de Su iglesia la expansión del reino, les dice:   Y Jesús se acercó y les habló diciendo:  Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.    Mi poder es universal, no se limita sólo a la nación de Israel.  Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones,  bautizándolos en el nombre del Padre,  y del Hijo,  y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;  y he aquí yo estoy con vosotros todos los días,  hasta el fin del mundo.  Amén. (Mt. 28:18-20).

De aquí se desprenden varias cosas:

  1. En el reino de Cristo hay lugar para personas de todas las naciones.
  2. El discipulado tiene dos etapas.  Primero es necesario que la persona crea y se arrepienta de sus pecados.  Nadie llega a ser un verdadero discípulo de Cristo si primero no cree y se arrepiente de sus pecados.
  3. Antes de pasar a la segunda etapa, se requiere entonces que se bautice.
  4. En la segunda etapa, teniendo ya un entendimiento y un corazón renovados, entonces puede ser enseñado en todas las cosas que el Señor mandó.

Esto quiere decir que el bautismo es para personas que habiendo tenido conciencia de su pecado contra Dios, han creído en Cristo, le han recibido por la fe, y se han arrepentido confesando sus pecados ante Dios por medio de Cristo.  Por lo cual, una persona que no ha pasado por este proceso no debe ser bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, pues no llena los requisitos que Dios ha dejado establecido en Su Palabra.   En virtud de esto es que afirmamos, sin temor a equivocarnos, que el bautismo de niños no es una práctica bíblica; pues dicha práctica no es ordenada ni aprobada por Dios en Su Palabra.

¿Es necesario el bautismo para la salvación?

NO.  Acabamos de demostrar que la salvación ocurre primero.   En este sentido, el testimonio del Nuevo Testamente es más que abundante:

“Así que,  los que recibieron su palabra fueron bautizados;  y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hch. 2:41).

“Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco:  Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?  Felipe dijo:  Si crees de todo corazón, bien puedes.  Y respondiendo, dijo:  Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios” (Hch. 8:36-37).

Y al momento le cayeron de los ojos como escamas,  y recibió al instante la vista;  y levantándose,  fue bautizado (Hch. 9:18).

Entonces respondió Pedro:  ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? (Hch. 10:47).

“Entonces Jesús le dijo:  De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43)

¿Puede alguna persona bautizarse sin ser un verdadero cristiano?

SI.  De hecho millones de niños son bautizados en el mundo sin ser verdaderos cristianos.  También hay personas adultas que pueden estar engañadas, creyendo que son cristianos y bautizarse.  Sin embargo, el bautismo no le hará salvo, pues quien salva es Cristo, no el bautismo.  El caso de Simón el mago, en Hch. 8:13-22, es un excelente ejemplo de lo que decimos:  “También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.  Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos,  sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.  Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.  Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo:  Dadme también a mí este poder,  para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo:  Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.  No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.  Arrepiéntete, pues,  de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón…”

¿Qué es entonces el bautismo?

Según lo que nos enseña el apóstol Pablo en Rom. 6:2-4 y Col. 2:12, el bautismo es un acto público de fe, por medio del cual el que ha creído se identifica públicamente con el Señor Jesucristo en su muerte y en su resurrección.

Rom. 6:2-4, dice:  “En ninguna manera.  Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?   ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?  Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”.

Y Col 2:12, añade:  “…sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él,  mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos”.

En conclusión, el bautismo nos identifica públicamente con Cristo; o dicho de otra manera, en el bautismo mostramos al mundo que estamos vitalmente unidos a Él.

Por Miguel Linares

2 Comments So Far

  1. Gracias por esta columna tan importanta y tristemente tan mal entendida, aunque el bautismo no salva no Deja de ser un mandamiento de nuestro SENORJESUCRISTO, gracias por su manera tan clara sobre este asunto.

    Carlos Canales at Jul 9, 10 at 17:59

  2. Gracias, Carlos, por hacernos saber que estamos cumpliendo con el propósito que tenemos de edificar al pueblo de Dios.

    Bendiciones.

    Miguel Linares

    Miguel Linares at Jul 10, 10 at 6:54

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